Poesía

DELITOS CONTRA LA HUMANIDAD

Recuerdo aquel jardín,
aquella noche ya avanzada la primavera
donde la hierba nos esperaba
acurrucada en soledad
y la luna llena iluminaba los senderos.

Los almendros ya habían dejado caer sus frutos
y sus flores se amontonaban en su sombra
como un lecho de pétalos.

No sé si era más hermoso
el jardín por ti
o tu presencia en él.

Lo mancillamos, sí,
pero habría sido un delito contra la humanidad
no tumbarnos en aquella cama hecha de flores
para acariciarnos,
para oler tu oído erizando tu vello,
serpentear tu tronco oscurecido por el sol,
hacer el amor…

Rodábamos
y mi boca escupía los pétalos
que se adherían en tu piel
en el recorrido
que mi lengua seguía por tu cuerpo.

 

En “Verdades ocultas, verdades necesarias y otras mentiras”.

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